Hace tres años planteé que se estableciera el Sueldo Ético. La verdad es que no tuve mucho eco, hasta que Monseñor Alejandro Goic también hizo suya ésta idea después de leer una carta que yo envié al diario El Mercurio.
La propuesta del proyecto de ley era incorporar la definición en el Código del Trabajo y obviamente explicitar que el Sueldo Ético era voluntario.
Por supuesto que éste denominado Sueldo Ético es muy distinto al Sueldo Mínimo, que anualmente envía el gobierno al Congreso Nacional y que nosotros establecemos por ley, porque el efecto es completamente distinto. El primero está concebido como una referencia hacia la sociedad, para que hiciéramos un esfuerzo con el fin de que una persona que trabaja durante un mes no reciba a cambio un ingreso que le signifique permanecer bajo la línea de la pobreza.
Eso es lo dramático en nuestro país, que habiendo chilenos que trabajen el mes completo finalmente no logremos que con el fruto de su esfuerzo, con su ingreso propio, su salario, su sueldo, puedan estar sobre la línea de la pobreza. Y es por eso que el Sueldo Ético era una definición, era una señal a la sociedad.
Lamentablemente, sin compartir los argumentos que me dieron en su oportunidad, fue declarado inadmisible, y el Ejecutivo se comprometió a ponerle patrocino para discutir. Pero han pasado tres años y eso no ha ocurrido.
Y en cuanto al porcentaje en que se debía aumentar el Sueldo Mínimo, la verdad, es que conociendo a todos los Senadores, no se de nadie que quisiera que sea mucho más de lo que es. A mí lo que me preocupa es que se use una legislación como ésta y no actuemos con seriedad, porque finalmente los efectos de fijar un Salario Mínimo, que no esté de acuerdo a la inflación y a la productividad,, lo que estamos generando es que haya personas que ganen cero.
También, es cierto, que nosotros hoy día no solamente le estamos dando trabajo a los chilenos; también tenemos muchos peruanos, bolivianos, que fruto de otros populismos se vienen a ganar el mínimo a Chile. Tal vez uno de los problemas que vamos a tener que enfrentar es precisamente la inmigración que tenemos en nuestro país de personas que vienen a ganar el mínimo a Chile, porque lo que estamos haciendo es repartir la pobreza.
Yo, siendo opositor, celebro que haya un Gobierno como el de la Presidenta Michelle Bachelet que tenga la seriedad de decir que no se puede dar más que los 165 mil pesos que aprobamos, finalmente en el Congreso Nacional. Obviamente que todos quisiéramos dar mucho más.
También es bueno que el país vea a los demagogos, a los neopopulistas, que levantan sus voces reclamando solución a los problemas de la gente, pidiendo mayores incrementos y son incapaces de proponer soluciones serias.
En el debate del Ingreso Mínimo en el Senado, se dijo que el 80 por ciento de los puestos de trabajo lo dan las pymes en el país y yo les recuerdo que tenemos muchos pymes empresarios que son pobres, que son clase media en nuestro país, que viven incluso ganándose un salario mínimo, y dan empleo y pagan salarios mínimos a sus trabajadores.
Entonces, es fácil hablarle a la galería, ofrecer un sindicalismo trasnochado, un estatismo trasnochado y pedir mayores aumentos, pero qué bueno saber que en Chile hay una cultura mayor para distinguir al demagogo, al populista, al que le habla a la galería. Es mucho más difícil actuar con rectitud y con seriedad.
Yo les quiero preguntar a estos populistas qué es lo que es más justo, ¿contratar a una persona y pagarle 300 mil pesos, o mantener a dos familias con el sueldo mínimo? ¿Qué es lo que es más justo? Lo más probable es que para los demagogos el empresario que paga 300 y contrata uno sea más justo. Yo considero más justo el que contrata dos con el mínimo, porque permite al menos que dos familias tengan un ingreso y no una que tiene 300 mil pesos y otra que tiene cero".
No hagamos demagogia. La verdad es que esto es lo que ha destruido a los países. Y eso es lo que tiene que hoy día tengamos a miles de inmigrantes de los países vecinos, en busca de mejores oportunidades |